Eloy Garza
@eloygarza
– AMLO quiere perdurar (en sentido figurado, obvio), al menos diez años, no con obras publicadas (aunque también) sino con obras públicas como el Tren Maya o erradicando la pobreza
AMLO repite como mantra que busca trascender: no quiere ser un presidente del montón sino resistir la prueba del tiempo. Por eso (dice), su modelo es Juárez o Lázaro Cárdenas. Por supuesto, cualquiera que tenga dos dedos de frente entenderá que AMLO no supone ser la reencarnación de estos héroes mexicanos (más mitológicos que reales). Intenta emularlos, copiarlas sus buenas costumbres y pisarles los talones. Como modelos para gobernar este desbaratado país, ni Juárez ni Cárdenas resultan malas referencias históricas: fueron unos grillos marca diablo que salvaron la patria con maniobras inesperadas, buenas dosis de maquiavelismo salpimentado con gramos de siniestros perversión. Ambos, Juárez y Cárdenas, eran lacónicos (AMLO también lo es aunque con una modalidad muy suya de espaciar hasta el fastidio una palabra tras otra) y sabedores de que a los perritos de la política mexicana se les enseña a bailar parándolos en comales calientes.
Ahora bien, ¿por cuantos años planea AMLO trascender, tomando en cuenta que acabará su gestión con 71 primaveras? ¿Sólo los años que comprende su sexenio? ¿Dos sexenios más? ¿De qué hablamos cuando hablamos de trascender? Para salir del laberinto de tantas preguntas canijas, releí a uno de los mejores críticos literarios de todos los tiempos, llamado Cyril Connolly. Este británico aconsejaba a los escritores crear libros que duraran al menos diez años. Si aguantaban ese lapso, ya fregaban: serían obras perdurables.
AMLO quiere perdurar (en sentido figurado, obvio), al menos diez años, no con obras publicadas (aunque también) sino con obras públicas como el Tren Maya o erradicando la pobreza. Con esos dos legados, más los que se le han acumulado en el camino (por ejemplo, aniquilar al PRI como sistema político y maquinaria electoral, y mandar a la lona al PAN), quiere resistir la prueba del tiempo. Desde luego, obras son amores y no buenas razones. Connolly dice que quien aspira a perdurar tiene que atender dos consejos suyos: “los dioses empiezan a llamar promesa a quien quieren destruir” y “no hay peor enemigo para una promesa que una carriola en el pasillo”.
Sobre el primer consejo, basta ver en lo que acabó EPN, una promesa que como estrella rutilante agotó su brillo en pocos años. Las reformas estructurales con las que soñaba perdurar mínimo diez años, fueron prematuramente destruidas (y su imagen personal junto con ellas) por los nuevos tiempos. No aguantó ni siquiera este sexenio. Hasta la maestra Elba Esther se le fue entre las piernas, y ya no le sigo porque me demanda por difamación a mí también.
Sobre el segundo consejo (tener niños pequeños distrae a la promesa de sus ansias de trascendencia), AMLO está curado de espanto: tiene un hijo que ya no es un bebé y los otros ya son mayores de edad que se valen por sí mismos. Así que el próximo mandatario puede sentirse libre para dedicar su tiempo completo (full-time) a remendar la patria y de pasadita construir su Tren Maya. De preferencia, si no fuera mucha molestia, que se valga de un equipo de colaboradores en la flor de la edad, con ideas frescas como lechugas y que sean técnicos avezados de sus respectivas especialidades. O sea, que corra a Manuel Bartle.

