September 22, 2021

El tiempo con mirada de mujer

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MERCADO DE LETRAS

Elsa de Solórzano

Escritora Coleta.

Acudí a la presentación del libro: Mis flores. El difunto Santiago, a invitación de mi estimada amiga Socorro Zebadúa, su autora. Me congratula especialmente que una mujer escriba, porque con su trabajo contribuye a la feminización de la cultura, que no es otra cosa que aportar nuestra visión de mujeres acerca del mundo en el que nos ha tocado vivir.

Su novela es un mágico viaje en el tiempo, un acercamiento a un mundo que aunque no conocimos, fue parte de la construcción histórica de lo que somos ahora como sociedad chiapaneca.

Coco, como la conocemos cariñosamente, va contando con su prosa sencilla y tomando como hilo de Ariadna el lenguaje de las flores, una novela que nos acerca a los orígenes del statu quo. Con un lenguaje que evoca palabras cuyo significado vive en la memoria y nostalgia de muchos, hace descripciones de ambientes y personajes con los que recreamos paisajes, sabores, olores, sueños, alegrías y miedos

Las flores de Chiapas son viejas sabias porque han estado allí desde siempre, han establecido una callada relación con quienes las han conocido y cuidado, regalándoles no sólo su belleza sino también sus dones. Gracias a ello sabemos que pueden curar la tos, el mal de ojo o la bilis derramada; sirven para decorar la fiesta del santo, inspirar poemas, perfumar las casas, ser alimento, volverse alfombras o el último tributo para quienes dejan este mundo.

Las relaciones entre los fuereños y locales llamó especialmente mi atención; se desprende de la historia la tácita aceptación del que llega de lejos para mandar, para decir cómo se le arranca a la tierra su preciado fruto, como si los que nacieron en ella no estuvieran capacitados para hacerlo (lo que de hecho ocurría, dadas las condiciones de analfabetismo y la falta de medios para trabajar). Y no es que los que vinieron para ser dueños no trabajaran, fue precisamente con su ejemplo y su tesón con lo que lograron que los que ya estaban aquí trabajaran con y para ellos.

La otra historia de sumisión que se desprende de la novela, es la de las mujeres, que al igual que los trabajadores tuvieron que sujetarse a la voluntad del dueño. Los personajes femeninos, si bien no son los protagonistas centrales de la historia,  proporcionan a los personajes masculinos la motivación para sus acciones.

La madre, la novia, la esposa, el amor platónico, van a ser quienes se vuelvan la razón por la cual los hombres sean capaces de hacer proezas como cruzar la frontera guatemalteca para convertirse en otra persona, trabajar para hacer fortuna o incluso asesinar.

El rol femenino, establecido sin consentimiento y aceptado con resignación, es magistralmente descrito en la novela. La señora y la niña de la casa, la nana y la criada callan y obedecen por igual. Así sean maltratadas, golpeadas o violadas, tienen que aceptar su condición de objetos. No tienen voluntad propia, no son consideradas seres pensantes, solo ejecutan lo que el hombre dispone.

El amor aparece en la historia como un anhelo que se persigue mientras se trabaja con denuedo, se huye, se miente, se mata o se llora sobre la almohada. El amor va a ser el inalcanzable sueño que de pronto  hace que los personajes se cuestionen el sentido de sus vidas.

Leí la novela sin soltarla de las manos; gracias a la narrativa de Coco, pude viajar en el tiempo y el espacio, me senté en la mecedora que el fantasma dejó vacía para irse a la hamaca, observé el movimiento de la casa de Candy mientras saboreaba el delicioso café de Ocosingo recién hecho,  escuché los diálogos de los personajes y caminé entre la selva que cobró caro las riquezas de las que fue despojada.

Me encontré las diferentes flores que contiene el libro y admiré en cada una su singularidad y belleza; fueron ellas las que le contaron a la autora sus secretos para que pudiera recrear el tiempo son su mirada de mujer.

 

Agradecemos sus comentarios en el blog CAMINOS Y PALABRAS www.elsadesolorzano.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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